Benjamín Briseño Estrada, Mexico
1. El largo camino administrativo para trabajar en las delegaciones políticas de México, D.F. Quizá algunos de ustedes, compañeros artistas, trabajan o colaboran ocasionalmente con las áreas de cultura de las Delegaciones Políticas del D. F. Sabrán entonces que es un verdadero calvario realizar los trámites correspondientes para que se elabore un contrato ya sea por funciones artísticas, talleres, narraciones o servicios profesionales. Para los que no lo saben, se trata, en síntesis, de darse de alta ante el gobierno del D.F. como proveedor. Para ello hay que entregar los documentos de rigor (alta de hacienda, cédula fiscal, comprobante domicialiario, identificación, cédula profesional, currículum vitae y un largo etcétera) más las últimas declaraciones de impuestos y demás papeles, entre ellos una carta compromiso en la que garantizas, tú, que vas a cumplir con las funciones que se te contratan. Una vez que has acudido cualquier cantidad de veces a las oficinas de ¿adquisiciones?, ¿finanzas? y Desarrollo Social a entregar copias y copias de los documentos y una vez que han sido todos aceptados, debes proceder a darte de alta ante el sistema electrónico del gobierno por medio de Internet para lo cual deberás contar con una cuenta de cheques en la cual te depositarán tus pagos. Esto es en caso de que sólo vayas a dar funciones con una delegación política. Si vas a colaborar con otras entonces deberás repetir el trámite igual número de veces, es decir, una alta por cada delegación. Algunos de nosotros pasamos por este periplo en años anteriores a fin de poder presentar nuestros espectáculos o impartir talleres. Es decir, para poder trabajar. 2. ¿Simpáticas? novedades en el 2006, año electoral Para quienes ya teníamos algunos años colaborando con delegaciones, a pesar de los farragosos trámites administrativos, fue sorprendente que este año, a la larga lista de requisitos, se agregó el siguiente: el pago de un cheque bancario certificado por un monto equivalente al 10% de lo que vas a cobrar por tus servicios. Este cheque se entrega a la delegación política como una garantía, una fianza, de que vas a cumplir cabalmente con todas tus funciones o servicios. ¿Simpático? ¡De ninguna manera! ¡Absurdo! ¡Indignante! ¡Aberrante de verdad! Además de que resulta arbitraria esta medida, también tiene algo de sospechosa. ¿Dar dinero a una delegación política, independientemente del partido que la gobierne, en plena época electoral? Sospechoso, sí, por lo menos. Sobre todo porque en el pasado lo que se entregaba era una Carta-compromiso en la que los artistas asumíamos nuestra responsabilidad cubriendo así el requisito. Pero ahora, en año electoral, ¿pagar fianza como requisito? 3. La Cultura y las Artes indefensas ante la ¿justa? normatividad administrativa de las Delegaciones Políticas del Distrito Federal ¿Cómo es posible que los artistas tengan que pagar para trabajar? Los artistas somos trabajadores culturales. En general vivimos del producto de nuestras presentaciones, funciones, conocimientos, actividades realizadas. Como tales, al igual que cualquier trabajador, vivimos del pago de nuestros servicios. Más allá de que existen agrupaciones y compañías bien organizadas que funcionan como microempresas culturales, una gran mayoría realizamos trabajo independiente. Somos agentes libres o free-lance. Aunque somos profesionales distamos mucho de las características de las empresas, tanto en infraestructura como en nivel de organización como en recursos financieros y materiales. Y aquí radica el gran error de las áreas administrativas de las delegaciones políticas. Ubicarnos como proveedores de servicios. ¡No se nos puede equiparar con las empresas que les surten el papel, las que les rentan las lonas, o aquéllas que construyen puentes y vialidades! ¡No se nos pueden exigir los mismos requisitos en virtud de que nuestras actividades son muy diferentes! ¡Nosotros ofrecemos servicios personales de índole artística y cultural! Lo más grave del asunto es que ninguno de los funcionarios de cultura en las 16 delegaciones políticas ha planteado a las autoridades administrativas buscar otros mecanismos o la creación de una normatividad acorde a la realidad de los trabajadores culturales. Dócilmente nuestros ¿directores? o ¿coordinadores? de cultura delegacionales de por sí tan cuestionados por su ausencia de proyecto cultural- aceptan que ¿así es? el procedimiento. De esta manera la normatividad se convierte en enemiga, obstáculo del quehacer cultural, porque, insisto ¿quién va a pagar por trabajar? 4. Mucha exigencia y poco cumplimiento Si permitimos que esta nueva norma de pagar una fianza para trabajar se mantenga, vamos a crear un antecedente laboral nefasto que quizá en el próximo sexenio nos pueda salir muy caro a todos los artistas. Supongamos que alguien tiene la fortuna de trabajar para las 16 delegaciones políticas del DF. ¿Está dispuesto y puede pagar el equivalente al 10% de lo que va a ganar en las 16 delegaciones? Por si fuera poco, y muchos lo hemos vivido en carne propia, hay demasiadas exigencias y poco cumplimiento: muchas veces demoran hasta varios meses en liberar los pagos una vez que se realizan las funciones. Inclusive me han comentado casos de incumplimiento de pagos a algunos grupos. A esto sumen experiencias que ustedes mismos habrán sufrido. ¿No les parece que deberíamos hacer algo al respecto? A final de cuentas este asunto es el resultado de un problema común a las Delegaciones Políticas del DF, a la Secretaría de Cultura del DF, a las instituciones federales y, supongo, a varios consejos de cultura en los estados de la República: la ausencia de una política cultural de estado. ¿Les suena conocido? 5. La complicidad de la ¿comunidad cultural? Estos atropellos y agravios se vuelven más duros en la medida que los propios afectados, ?los artistas?, los permiten ya sea con actitudes de indiferencia o de resignación. Conozco el caso de grupos que han accedido a pagar sus fianzas para ser contratados dañando con ello a quienes no pueden o no quieren hacerlo por considerarlo una injusticia. En fin, me indigno y pienso ¿Cuántos intentos se han hecho por aglutinar a la mal llamada "comunidad cultural" a fin de organizar acciones para exigir a los gobiernos que la cultura y las artes y sus hacedores tengan el lugar justo que merecen en la estructura de la nación? Esos intentos han sido fallidos o terminan por diluirse. Pienso en la ambiciosa Ascultura (Asociación de Cultura) que impulsaran David Huerta y otros ¿intelectuales? que no llegara más que a una mediocre lectura colectiva del canto general de Pablo Neruda. O un llamado que Paco Ignacio Taibo II realizara como acto post marcha contra el desafuero del entonces jefe de gobierno y que derivó en nada. Incluso nuestro esfuerzo por defender la política cultural para niños en 2004. Se diluyen y finalmente quedan en nada. En fin. Este texto pretende ser una botella al mar, un llamado de alerta a la situación que impera en las delegaciones del DF para aquéllos que quieran ofrecer sus espectáculos o actividades. Esta es nuestra realidad y supongo que es igual o peor en los estados. Nuestra realidad. Nuestra. Realidad.
Benjamín Briseño Estrada Actor y Narrador Oral Promotor Cultural
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Por lobitogabriel - 22 de Mayo, 2006, 16:20, Categoría: cartas
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